Desgastada.

No sé cuanto tiempo más pueda estar así. 
Todos me decepcionan, y yo decepciono a todos. Nada es como yo creía, nadie es como yo pensaba.
Siento que me hundo, y que cuando pido rescate, a nadie le interesa. Siento que puedo desaparecer y que nadie lo notaría, que mi presencia no pesa en la vida de nadie. Y no sé si pueda aguantarlo.
Hay veces que me siento muerta. Sin ningún propósito, sin ninguna meta, ninguna ilusión. Sólo la nada. Una humadera gris que me rodea y que cada día crece más, que se alimenta de mí para abarcar más espacio.
Pido ayuda y nadie me escucha. ¿Saco algo con seguir acá?
No lo creo.
No sé qué hacer, no sé cómo proceder. De alguna u otra manera nunca nadie está conforme con lo que hago. De alguna u otra manera siempre descubro más razones para mantenerme al margen, para irme alejando, para desaparecer…
No puedo más, no quiero seguir así, estos meses han sido una total tortura. Todo lo que yo creía verdadero se desmorona.
Me siento total y completamente desgastada, pero no por mucho tiempo más… esperemos que no, adiós.

Un día como hoy.

¿Te acuerdas de la manera en la que el sol iluminaba todo? Esos colores, tan cálidos, tan acogedores. Rodeados por un manto de hojas, mientras el viento suspiraba…
Las palabras, los gestos, el tacto. Ese momento donde unimos nuestras vidas, donde empezamos a recorrer el camino juntos, donde por fin pudimos entregarnos, amarnos… ¿Tienes idea de cuánto deseo eso de vuelta? ¿Tan difícil es recuperarlo?
No quiero seguir abasteciéndome de recuerdos, simples memorias para sentirte conmigo. Siento que nos los podré alejar nunca mientras no estés aquí para decirme que todo va a estar bien.
¿Por qué tan confundido, pequeño? ¿Tanto daño nos hicimos que tienes miedo de que prevalezca sobre la felicidad que podríamos formar juntos?
Mírame a los ojos y dime que te gusto. Mírame y dime que me amas. Mírame y pídeme un beso, un abrazo, una palabra de contención. 
Mírame y exígeme que te de la oportunidad de hablar. Mírame y pídeme ser tu pareja.
Mírame como ese día, mírame un día como hoy.

Sólo una vez más.

Lo lograste. Pudiste ganar por el camino de la cobardía, de las indirectas, de la frialdad y la distancia. Si tu objetivo era que yo te dejara tranquilo deliberadamente, lo conseguiste. 
No hay palabras para describir lo perdida que me siento. La frustración me gana, me superó tu indiferencia. Porque por más que lo intente, por más ganas que tenga de recuperarte… es imposible contigo. Tu mente está cerrada a la posibilidad de unir nuestras vidas de nuevo, y te vas por el lado de las palabras sin decir, de esas que quedaron en el aire.
Me dejas a la deriva, sin ningún camino que pueda seguir, porque los patrones que podrías entregarme para guiarme son inexistentes; sólo son manchas, estampas en el espacio. Todo ambiguo, sin sentido.
Quiero algo que lleve a una respuesta, que me impulse a intentarlo una vez más. Sólo una vez más, eso es todo lo que te pido.

Toda una eternidad.

La espera me mata. Me destruye cada segundo que pasa, preguntándome qué es lo que piensas para finalmente decidir.
Siento que todo mi futuro pende de un pequeño hilo, al que me me aferro con toda esperanza.
Te extraño, te necesito, y sólo al perderte me di cuenta de ello. 
Quiero tanto darte a entender que quiero una vida contigo, que quiero más de esos exquisitos momentos que me entregaste, más de tus besos y caricias.
¿Serás capaz de considerar la posibilidad de que cambié? ¿Tan terco eres que te vas a quedar atascado en el pasado? Espero que no, porque ya no podemos hacer nada para remediar lo que ya sucedió. Pero podemos formar un nuevo camino, y recorrerlo juntos.
¿Podrías… pensar, un segundo, en todo lo que podríamos ser? Te lo pido, por favor. Nos queda toda una eternidad por delante, toda una eternidad se siente esta espera… toda una eternidad es lo que quiero contigo.

Quinta noche.

Ya llevo cuatro días despertando con tu recuerdo en mi mente. Meses que no aparecías en ella, pero cuando más quiero olvidarte, se te ocurre venir a atormentarme.
Las imágenes van en degradé; los primeros días eran bastante claras, eran de tacto. Te tocaba, piel con piel, nada que se interpusiera entre nosotros… pero los días siguientes, se fueron haciendo borrosas, te veía lejos, y por más que intentara alcanzarte, no podía. Corría y corría, pero te desvanecías en el horizonte. Y yo te seguía buscando, perdida entre mis pensamientos y mis errores, buscando alguna salida para poder terminar con tal desesperada misión.
El cuarto día que desperté, sólo tenía un pequeño atisbo de lo que había sido el reciente sueño. Sólo supe que cada vez te ibas yendo más rápido, que las fuerzas no me alcanzaban para lograr atraparte, lograr que me escucharas. ¿Miedo o deseo de mi propio subconsciente? ¿Quería eso mismo, que te fueras, que desaparecieras de una vez por todas? o, por el contrario, ¿lo temía? 
Sólo sabía que ya nos habíamos perdido. Ya no nos pertenecíamos, ni en mis propias visiones.
La quinta noche no apareciste en ellos, y probablemente nunca más lo harías.

Inconsecuente.

A veces llego a dudar sobre si tienes cerebro o no. ¿Acaso no te acuerdas las veces que viniste llorando a mi regazo alegando que te habían dado la espalda? 
No entiendo cómo pretendes que no me sienta herida y traicionada. Yo fui la que te mantuvo en pie cuando estuviste mal, la que aguantó todos esos reclamos y lágrimas. Pero claro, a ella la dejas entrar a tu vida de nuevo. Esa que te cerró la puerta cuando la necesitabas más abierta.
Es obvio que me siento dolida y usada. No entiendo cómo puedes volver a hacerlo.
Cuando te encuentres solo, no me vengas a llorar a mí, que será mi turno de ignorarte. Porque te lo advertí. Pero eres sólo una criatura terca e inconsecuente.

Espero nunca vuelvas.

Mírame y respóndeme, ¿quién estuvo allí cuando todo parecía desvanecerse? ¿quién te sostuvo en sus brazos cuando no necesitabas más que eso?
No podrías hacerlo, porque sabes la respuesta. Y aunque todavía no estés al tanto de ello, yo jamás te di la espalda. ¿Y esto es lo que termino ganando? ¿Tu indiferencia, tu desinterés? 
No sabes lo que es perderte de un día para otro, que mi salida, mi escape, mi pequeña salvación a mi calvario interno, desaparezca. Que pases a mi lado, cuando estoy totalmente destruida, y ni te des el tiempo de pararme y decirme ”ya.. todo va a pasar.”. ¿Pero qué te puedo exigir yo? Nada, me usaste, me desechaste, te lavaste las manos y no piensas ensuciártelas de nuevo.
Me siento encerrada, perdida, a la deriva. Lo único que me sostenía ya no está, ya te fuiste. Y a pesar de todo, espero nunca vuelvas.

Desaparece.

No quiero creer que finalmente todo terminó.
Este dolor es insoportable, me ahoga, me inunda. Me produce náuseas, asco, me produce no querer verte nunca más en mi vida. Porque sé que cada vez que mire esos ojos, cada vez que te vea de lejos, millones de recuerdos van a vagar en mi mente, dejándome vulnerable. Ojalá desaparecieras, sólo para mí.

Es increíble como nada se ha disipado. Te amo como el primer día.
¿Cuál es el sentido?

Yo sé que me haces mal. Yo sé que no me quieres, que no te importo.
El daño que me estoy causando es enorme. Hace 4 meses que ya dejé de pensar en mi bienestar, y sólo pienso en ti. Pero ya es momento de preocuparme por mí, de volver a sonreír.
No sabes cuánto odio esa pequeña parte de ti que me destruyó completamente, quisiera desgarrarte y sacarla, romperla y desecharla.
Pensé que podía amarte así, de esa manera tan errónea, tan dañina. Pero yo ya no te amo a ti, si no que amo al que solías ser. Estoy enamorada de algo que ya no existe, y que probablemente no vuelva a existir.
Desapareciste. Ya no te siento. Esa risa, esa mirada, todo eso se extinguió. Esa química, esos momentos, el tiempo ya los borró.
¿Por qué sigo intentando que todo vuelva a ser cómo antes? ¿Cuál es el sentido? Yo sé que no será así, pero la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?